Construyendo el Lado Comercios de una Fintech desde Cero
Rebit App resolvía el lado del usuario de la billetera. Rebit Comercios tenía que resolver la otra mitad: darle al comercio una razón para aceptarla. Había un gap en el mercado —comercios atendidos con productos genéricos— y una oportunidad concreta del otro lado: trabajar codo a codo con cada cliente permitía un nivel de personalización que nadie más estaba ofreciendo, sobre un esquema de comisiones que además volvía sustentable al producto.
Un comercio necesita ver el movimiento del dinero con claridad, conciliarlo contra sus propias ventas y confiar en un medio de pago nuevo lo suficiente como para ponerlo delante de sus clientes. Fui responsable de construir ese lado del producto desde cero: los primeros flujos, los prototipos de alta fidelidad y los UI Kits en Figma que mantuvieron el sistema escalable a medida que se sumaban sucursales, cajas, colaboradores y comisiones.
La infraestructura traía sus propios límites. La app de comercios corría sobre RedLink —con una lógica más cercana a Brubank o Mercado Pago que a una terminal de tarjeta—, mientras Prisma habilitaba el pago con QR y tarjeta en el punto de venta. TAPI quedaba del lado del usuario, como una integración más para pagar servicios, y no formaba parte del circuito de cobro del comercio. Cada proveedor traía sus propias herramientas y su propia estructura de costos para evaluar antes de comprometerse.
Había además una dimensión de inversión: Rebit Comercios tenía que ser pitcheable. Los flujos no solo tenían que sostenerse en testing de usabilidad, sino también en una sala llena de gente decidiendo si financiaba la siguiente etapa de la compañía.
Mapeé el recorrido del comercio desde el primer contacto hasta el uso diario —alta, verificación, primer cobro, conciliación— antes de diseñar una sola pantalla. Elegir los proveedores de pago fue tanto una decisión de diseño como técnica: evalué seis proveedores —RedLink, Prisma y Banco de Comercio entre ellos— por viabilidad, herramientas e impacto en el costo por transacción, y después lideré el handoff con el equipo de desarrollo.
La experiencia no terminaba en la pantalla. Para septiembre de 2024 estaba produciendo las instrucciones físicas y digitales que el comercio necesitaba para imprimir y exhibir el QR de Rebit en la caja: la pieza que convirtió al producto en transacciones reales dentro del local. Esos mismos archivos de Figma se volvieron el material de pitch de las rondas de inversión de la compañía, recorriendo un prototipo funcionando en vez de mostrar slides estáticas.
Rebit Comercios salió sobre infraestructura de pagos real —RedLink en el core, con pagos por QR y tarjeta funcionando a través de Prisma—, acompañado de materiales de exhibición que el comercio podía usar de verdad en el mostrador. Se convirtió en la principal fuente de ingresos de la plataforma: el producto que llevó a la compañía de depender de la inversión a ser operativamente sustentable.
En Rebit Comercios vi que el diseño en fintech B2B no se trata de tener menos funciones, sino del orden en que se construye la confianza — y que esa confianza no termina en la pantalla. El QR impreso en la caja de un comercio es parte del producto tanto como cualquier flujo de onboarding. Construir este lado desde cero también significó que el trabajo nunca fue solo diseño: fue estrategia, armar equipo y sostener la presión de un entorno startup, todo a la vez.